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miércoles, 18 de abril de 2012

De amores y rayuelas, uniendo dos continentes

Esta entrada la debía desde hace varias semanas. Aunque siempre me gusta reposar un poco las canciones para que, como el buen vino, se asienten y podamos degustar sus melodías y sus sensaciones en todo su esplendor. Y De amores y rayuelas, además, era un poco especial. Porque un nuevo disco de un cantautor siempre es motivo de alegría en mi vida. Y es que la canción de autor, como bien señaló Gabriel Celaya, sigue cantando como quien respira. Porque está viva y porque siempre tiene algo que contarnos dentro de nuestro cotidiano día a día. Pero además, si ese disco es de una persona a la que literalmente has visto crecer, o mejor dicho, que ha crecido a la par que tú, siempre tiene mucha más emoción que los demás.

Y es que De amores y rayuelas es un disco que enlaza dos países, dos mundos que, por desgracia hoy por hoy, acaban de entrar en un conflicto político y económico, esos que no entienden de canciones ni de sentimientos. Alberto Leal, sevillano y Alejandro Ferre, marplatense, han logrado unir en 11 canciones una filosofía de vida, un proyecto y un sueño. Una unión que ha sido posible gracias a la canción de autor.



De Alejandro Ferre poco puedo decir. Que fue breve pero intenso y que ha sido una grata sorpresa descubrir su bagaje musical, su melodías y cómo allá en la Argentina, tangos y bandoneones aparte, se hacen canciones que son capaces de viajar kilómetros y kilómetros océano adentro hasta clavarse en nuestra alma. Y es que temas como Rayuelas, o Inmensidad son de esos que se aferran con la magia que sólo tienen los versos de la canción de autor. Y gracias a internet - bendito invento para la música - los que estamos lejos de Argentina podemos sentirnos un poquito más cerca escuchando viejos temas y actuaciones que acaban conmoviéndonos



Y Alberto Leal... qué os voy a contar a los que no lo conozcáis.  Es una de esas personas que crecen y atrapan todo aquello que pueda serle útil más adelante. Un joven sevillano que un día, en un concierto del Cuesta dijo "yo quiero ser cantautor". Y poco tiempo después ya estaba subiéndose a un escenario - en otro concierto de Manuel Cuesta - y demostrando que la canción de autor se siente y que la voz es uno de los instrumentos más potentes que tenemos para contar y cantar nuestros sentimientos. Una de esas personas capaces de liarse la manta a la cabeza, irse a Argentina a estudiar y volver con un proyecto casi cerrado de un disco con otro cantautor de Mar del Plata.



Y la presentación de este disco en La Estación de Sevilla fue como cerrar un ciclo para abrir uno mucho más importante. Los que estuvimos allí asistimos al nacimiento de una de las mejores simbiosis que - personalmente - he visto hasta el momento en el mundo de la música. Porque cuando uno es capaz de cantar los temas del otro como si fueran suyos, sabiendo el momento exacto en el que tiene que templar la voz para poner la pasión justa y necesaria, es cuando verdaderamente dos músicos han alcanzado esa magia que nos da este arte.

Ahora, tres semanas después y acabada la gira que han tenido por toda España vuelvo a escuchar el disco y todavía hoy descubro matices y sensaciones que flotan en el aire cuando acaban las canciones. Ojalá tengan mucha suerte, juntos, en solitario o como quieran emprender sus nuevas travesías.



viernes, 2 de marzo de 2012

La otra cara de Anfibiótico


Los que vivimos la canción de autor como algo imprescindible reconocemos rápidamente los discos que van a marcar un antes y un después en nuestras vidas. Esos que parece que no van a llegar y que al final, como un oasis, surgen entre la vorágine de la ciudad. Canciones que nos recuerdan que seguimos vivos y que la música y la letra nos atrapa con fuerza dándonos una bofetada de aire fresco.

Ese es, precisamente, el disco que esperábamos de Joaquín Calderón y que no nos defraudó. Después de más de cinco años de conciertos con banda, acústicos, con doce personas, con la sala llena... después de una larga espera en la que imaginábamos una y otra vez cómo podría quedar esa canción después del paso por el estudio, Anfibiótico -Anverso vio la luz. Y nos dejó deslumbrados.

El disco, en su conjunto, es como una vaharada de aire intenso, como cuando respiras un aire tan puro que te deja momentáneamente sin respiración. Cuando nos acostumbramos a esta cadencia, la música nos envuelve llenando los sentidos de esa sensibilidad tan propia de Calderón.

Este prestidigitador de la música se atreve con tonos emocionados, intensos, atrevidos y sensuales para dar vida a canciones que rebosan poesía y brillantez. Todo ello aderezado con la voz suave y la dicción perfecta de su autor, que desvela rabias, sentimientos, emociones, recuerdos y esperanzas.



Si además a esto le añadimos una gran fuerza en los arreglos musicales y los grandes músicos que le han acompañado en la grabación de este álbum  (José Mena, Chacho Martín, Jordi Gil Fernando Lamadrid  o Rafa Torres entre otros) obtenemos un trabajo redondo fruto de años de dedicación a la música y la canción de autor. Aunque muchos ya conocíamos las canciones porque concierto a concierto habíamos podido saborearlas en directo, lo cierto es que al escucharlas en el disco se abren ante nosotros como creaciones totalmente nuevas. El vendaval que es Mirándote, tocada al piano, es muy distinto a la canción marcada y fuerte que encontramos en el disco, al igual que ocurre con otros temas como Para que me veas, Diciembrenero o la propia Anverso, un tema antiguo que toma fuerza en este álbum.




Si con Anfibiótico nos sumergíamos en el universo Calderón y nos picaban las avispas, en Anverso descubrimos esa cara b que no tiene por qué ser tan distinta de la real. Un disco, en definitiva, para escuchar, escuchar y escuchar hasta quemarlo, hasta que la poesía nos salga por los poros de la piel. Un disco para vivirlo.